El silencio reina en el lugar hasta que se le aparece un extraño. No serán 32 que atender como aquel matrimonio de la Asociación Titucha, pero no por ello el amor que les dan es menor. No será una hectárea, pero los perros se conforman con algo tan básico como el cuidado. Ahora son tres. Pero llegaron a ser seis.
Las proteccionistas independientes se dedican a rescatar animales de la calle y tenerlos a su cuidado hasta el momento en el que alguien decida adoptarlos.
Su vida está condicionada a los nuevos visitantes. Una casa de paso donde pasan cuatro patas con historias, problemas, enfermedades o heridas que curar. Los encuentran en la calle o las llaman para acudir a su rescate.
Llegan y empiezan a convivir con los huéspedes que llegaron antes. El patio se divide en dos con un alambrado y tablas. En dos, como también se puede dividir en más dependiendo el carácter de los inquilinos y su capacidad de convivir con un nuevo visitante.
Los tarros donde ponen el alimento se esparcen por el patio, algunos masticados por uno que otro hocico nervioso. Juegan entre ellos, se revuelcan en al suelo. Por el fondo dos cuchas despintadas de madera hacen de adorno porque según lo que cuentan las dueñas, los perros duermen fuera de ellas, preservan su instinto animal por más de que las personas les demos mil cosas que creemos los harán sentir más cómodos. Un techo y lugar medianamente resguardado del clima o de las lluvias es más que suficiente para que los perros convivan.
Dentro de la casa, las bolsas de alimento, pipetas, medicamentos y demás. En una esquina en el suelo un colchón que funcionó en su momento para un perra atropellada se mejorara y volviera a caminar, a vivir como prueba en contra todo pronóstico desalentador.
La primera cosa para atender a un perro rescatado es asegurarse de desparasitarlo, vacunarlo, castrarlo. Quizás antes quedarse tranquilos de estar libres de algún virus. Uno de ellos, el moquillo las ha dejado en la situación de no poder albergar a ningún perro más en sus casas por meses para evitar que otros más se contagien.
Todos los días puede caer un visitante diferente allí, o en otro hogar. Son perros y gatos, o solo uno de ellos dependiendo de como se llevan. Desde cachorros hasta los más ancianos, desde los sanos hasta los más complicados. Todos ellos pasan por allí y esperan que el cuidado y atención que los rescató se los de alguien más de forma definitiva.
Sol Castillo
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