sábado, 16 de noviembre de 2013

La vida en ellos

Era un viernes por la tarde cuando subimos al colectivo para Ringuelet. Los carteles nos marcaban la dirección y bajamos para seguir las instrucciones y llegar a la casa de Gladys.
Lejos del pavimento del centro urbano de La Plata, nos internamos en las calles rodeadas de verde, donde respirábamos el olor a tierra húmeda y el silencio se interrumpía con el cántico de los pájaros y un ferrocarril que pasaba cada 20 minutos.
Por la calle nos llama ella: “Por acá! Mi marido corrió la camioneta de lugar, no la iban a poder ubicar.”
Nos saludamos e intercambiamos nuestros nombres en el medio del ruido. La quietud casi campestre se interrumpió con los ladridos de 32 perros que del otro lado saltaban y asomaban sus hocicos.
“Espero que no les moleste hacer la entrevista acá, pero no las podría hacer pasar. Si quieren les muestro.”
Abrió el portón y poniéndose enfrente para que no se escaparan los animales, empezó a señalar algunos de ellos y nombrarlos. Uno que otro hocico curioso insistía con acercarse a nosotros pero los gritos de Gladys los frenaban.  Del fondo del patio apareció Gabriel que intentaba caminar mientras las colas que, sacudiéndose con emoción, se le atravesaban en el camino. Escoltado por estos animales de cuatro patas, o tres en algunos casos, salió fuera de la casa y su mujer cerró el portón. 
Fueron un par de minutos y de vuelta la serenidad sonora regresaba a su lugar.

¿Qué es la Asociación civil Titucha de Defensa al Animal?
Es un hogar para nosotros, el Hogar Titucha donde hay 900 perros. Está ubicado en Arturo Segui y después tenemos algunos sitios: mi casa  o algunos lugares más donde tenemos perros que la gente nos cuida. En nuestro refugio no tenemos más lugar. Es una hectárea la que tenemos, con caniles 14 caniles abiertos de 10 , 20 perros, 30 perros... son lugares abiertos, con caniles alambrados donde el perro va y viene, pueden correr, están las galerías donde ellos duermen, donde están las cuchas…

¿Ese lugar lo consiguieron ustedes?
Lo fuimos pidiendo. Vivimos con la colaboración de la gente.
Interrumpiendo, Gabriel aclara:
- Los perros, cada uno trabaja. Cada uno de nosotros trabaja a aparte. – reímos y continúa Gladys:
- La gente colabora con nosotros y vamos haciendo eso. Nos dicen: "¿necesitan alambre? Lo compro". Le decimos a Delia: “juntamos cierta cantidad de dinero para hacer un piso, poner un alambre, para poner los portones.” Así se fue haciendo.

¿Hace cuanto tiempo están?
Titucha casi de toda la vida prácticamente. La asociación ya son diez años, en que se hizo con las reglas y documentación. Titucha era la mamá de la mujer que vive en el refugio, tiene más de 60 años y siempre cuidaron animales, toda una vida. Una vez se quedaron sin nada para los animales y ahí se hizo la fundación, salieron a pedir y ahí nos enganchamos nosotros. Hacemos la parte de donaciones, por eso llaman a los teléfonos de acá.

¿Cuántos perros hay entonces?
- 900 en total...
- Allá habrá 700 – aclara el marido.
- Si, si. Ochocientos y pico... ochocientos. Nosotros perdemos la cuenta.

¿La gente ayuda?
- Sí. Los perros comen 230 kilos de alimento todos los días, pensá que es mucho, mucha cantidad. Necesitan un alimento balanceado, no les podes dar otra cosa, para no que se peleen. Por eso también tenemos restringidas las visitas, en realidad no es que están restringidas. Tratamos que sea un horario en que los perros estén tranquilos, después comer los perros duermen la siesta. Se acuestan a dormir a las cuatro de la tarde y vos no sentís un perro. Tratamos de que estén lo mejor posible. Hemos tenido problemas con la gente pero sinceramente no me interesa, yo necesito tener a los perros lo mejor posible y la gente se enoja: "¿pero por qué no podemos tener una visita?" y bueno, yo priorizo los perros. Las hacemos a la tarde, no con doscientas mil personas porque no es un zoológico y la gente lo ve así. Es un hogar, para Delia es un hogar. No es como el tiene un perro, diez, quince... tiene 700 perros. Para ella es su casa, vive ahí, su hija también y los perros son parte de su familia. Es como que los estás invadiendo también.
La prioridad nuestra son los perros, no me importa nada más lo que digan los demás.

Se ríen y Gabriel nos intenta hacer una idea más clara de lo que es en proporción y gasto alimentar a todos ellos. Divagando resultados llega a las cifras promedio de dinero que solo en alimento pueden llegar a gastar. Afuera de ello quedan los medicamentos, intervenciones quirúrgicas, vacunas, cuidadores y demás materiales para el lugar.

¿Ustedes desde siempre sintieron esa necesidad de hacer algo por ellos?
- Si nosotros también. Nos gusta. Tenemos 32 y alquilamos y la dueña no sabe.- Gladys responde con un tono fraternal y risas de complicidad.
- Sabe que le cuido todo. Cuando nos vallamos nos tendremos que ir a un lugar más grande, nos tendremos que ir más para allá -  señalando los terrenos más alejados detrás de las vías del ferrocarril Roca.

El refugio está en Arturo Seguí…
- Si, nosotros lo publicamos por la cuestión de que necesitamos el alimento. La idea es que no porque la gente lo que hace es llamar y decirte que como total tenés cien, doscientos es lo mismo. “No sé qué hacer con el perro, ya está viejo; tengo tres cachorros, no sé qué hacer” continuamente, así que tratamos de no publicarlo, pero no queda otra por el tema del alimento. Si no, van a llevar al perro y la gente tiene que tener conciencia. Al animal lo tenés que tener bien, si no, no los tengas.

Además de los cachorros, te llevan los perros más viejos ¿no?
Hay un montón de gente que te llama diciéndote que no sabe qué hacer con el perro cuando está viejo, y justo es cuando más te necesita. Son sus últimos años, está más tranquilo…

La tarea que llevan adelante los cruza con numerosos casos. Cada perro tiene su historia y hablar de todas ellas se haría interminable, pero aún así nos contaron algunos.

- Mi hijo un día a las cuatro de la noche andaba con los con los amigos  y encontró un perro. Abelardo, con la panza abierta y llena de gusanos – se gira hacia su casa y grita:
-  ¡Abelardo! ¡Abelardo! ¡Vení papi! ¡Abe!

De la jauría se acerca Abelardo tímidamente y con las caricias de la dueña se nos acerca.
Numeran algunas de las tantas historias que guardan en su memoria. Nos señalaban a un perro, daban su nombre y contaban como llegó a ellos y de qué habían sobrevivido, ya que la situación de calle los predispone a muchos peligros.

- Yo tengo acá, porque para ayudar a los perros hacemos todo, yo vendo chorizos a la tarde en Camino Centenario, ya me jubilé. Un día lunes abro con un chico que vive acá y mientras estaba viniendo se cruza un perro negro y le digo al muchacho: “vamos a hacerlo venir para acá, para que no cruce”. De repente sentimos el golpe, lo arrastró el coche 50 metros. Yo largué todo, cubierto, chorizos y me metí en Camino Centenario para agarrarlo. Le puse la mano en la cabeza y dije: “o salvate o morite pero no sufras”. Y de repente el perro se levanta y sale corriendo. Una señora que había bajado de un auto me abrazó y lloraba, es increíble. Fue el golpe y lo había arrastrado 50 metros pero tenés que verlo por ahí. Tiene el collar rojo.- Gabriel terminaba de hablar con una sonrisa en el rostro.

¿Cuánto tiempo les dedicas a los perros?
- Yo trabajo y me voy una hora antes para poder venir una hora antes. Salgo 5.30hs y entro a las 6 a trabajar hasta las 2. De 2 a cuatro y pico. Voy con el auto levantando las donaciones. Después vengo acá y cargo la camioneta con todo lo que necesita Delia. Él es el que va al refugio más que nada, yo me quedo acá  en casa. En el día cuida a los perros de acá. Después vamos una vez al mes a Capital a buscar alimento o donaciones. Pero estamos al pie del cañón porque pueden ser las diez de la noche y Delia necesita algo. No hay vacaciones tampoco. Le sacamos un problema de encima a Delia. Ella ya no se tiene que preocupar si tiene mucho o poco alimento. Ya tiene para preocuparse todos los perros que tiene, un montón de ellos son inválidos. Y ella no, se jubiló, trabaja de martillera en Capital. Así que está con eso también. No nos vemos a veces, hablamos por teléfono.

¿Cuántos son en la asociación?
- No le digas porque capaz se sorprende de que somos tanta gente- dice irónicamente Gabriel.
- ¿Te digo la verdad? Somos él y yo, Delia y la hija, esos somos. Después son pagos, los que le dan de comer y hacen la guardia. No nos peleamos, somos poquitos- ríen y continúa- Pero a veces nosotros decimos "Vamos a parar un poco" y a las nueve de la noche nos sentamos a tomar unos mates porque a veces estamos todo el día. A la noche cuando le damos a comer a los perros nos vamos un rato para ver a los chicos pero eso.

Continuamos la charla, contamos nuestro viaje al lugar. Gabriel nos preguntó si teníamos boleto escolar y Gladys le corrige entre risas: “¡¡SUBE!! No existe más el boleto escolar” y partió en carcajadas: “cuando cambiaron el boleto por la tarjeta el señor se paró en frente de la máquina pidiendo el boleto de 1, 20. Claro, casi ni salimos, estamos con las camionetas y cuando lo hacemos ya no sabemos qué ha pasado.
Nos despedimos de esta entrañable pareja y nos fuimos alejando. Detrás de nosotros, los perros volvían a ladrar cuando entraron de nuevo a su casa. A los ladridos se les sumaron los gritos de algunos de los 32 nombres.

Sol Castillo

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