Era un viernes por la tarde cuando subimos al colectivo para Ringuelet. Los
carteles nos marcaban la dirección y bajamos para seguir las instrucciones y
llegar a la casa de Gladys.
Lejos del pavimento del centro urbano de La Plata, nos internamos en las
calles rodeadas de verde, donde respirábamos el olor a tierra húmeda y el
silencio se interrumpía con el cántico de los pájaros y un ferrocarril que
pasaba cada 20 minutos.
Por la calle nos llama ella: “Por
acá! Mi marido corrió la camioneta de lugar, no la iban a poder ubicar.”
Nos saludamos e intercambiamos nuestros nombres en el medio del ruido.
La quietud casi campestre se interrumpió con los ladridos de 32 perros que del
otro lado saltaban y asomaban sus hocicos.
“Espero que no les moleste hacer la
entrevista acá, pero no las podría hacer pasar. Si quieren les muestro.”
Abrió el portón y poniéndose enfrente para que no se escaparan los
animales, empezó a señalar algunos de ellos y nombrarlos. Uno que otro hocico
curioso insistía con acercarse a nosotros pero los gritos de Gladys los
frenaban. Del fondo del patio apareció Gabriel que intentaba caminar mientras
las colas que, sacudiéndose con emoción, se le atravesaban en el camino.
Escoltado por estos animales de cuatro patas, o tres en algunos casos, salió
fuera de la casa y su mujer cerró el portón.
Fueron un par de minutos y de vuelta la serenidad sonora regresaba a su
lugar.
¿Qué
es la Asociación civil Titucha de Defensa al Animal?
Es un hogar para nosotros, el Hogar
Titucha donde hay 900 perros. Está ubicado en Arturo Segui y después tenemos
algunos sitios: mi casa o algunos
lugares más donde tenemos perros que la gente nos cuida. En nuestro refugio no
tenemos más lugar. Es una hectárea la que tenemos, con caniles 14 caniles
abiertos de 10 , 20 perros, 30 perros... son lugares abiertos, con caniles
alambrados donde el perro va y viene, pueden correr, están las galerías donde
ellos duermen, donde están las cuchas…
¿Ese
lugar lo consiguieron ustedes?
Lo fuimos pidiendo. Vivimos con la
colaboración de la gente.
Interrumpiendo, Gabriel aclara:
- Los perros, cada uno trabaja. Cada
uno de nosotros trabaja a aparte. – reímos y continúa Gladys:
- La gente colabora con nosotros y
vamos haciendo eso. Nos dicen:
"¿necesitan alambre? Lo compro". Le decimos a Delia: “juntamos cierta cantidad de dinero para
hacer un piso, poner un alambre, para poner los portones.” Así se fue
haciendo.
¿Hace
cuanto tiempo están?
Titucha casi de toda la vida prácticamente.
La asociación ya son diez años, en que se hizo con las reglas y documentación.
Titucha era la mamá de la mujer que vive en el refugio, tiene más de 60 años y
siempre cuidaron animales, toda una vida. Una vez se quedaron sin nada para los
animales y ahí se hizo la fundación, salieron a pedir y ahí nos enganchamos nosotros.
Hacemos la parte de donaciones, por eso llaman a los teléfonos de acá.
¿Cuántos
perros hay entonces?
- 900 en total...
- Allá habrá 700 – aclara el marido.
- Si, si. Ochocientos y pico...
ochocientos. Nosotros perdemos la cuenta.
¿La
gente ayuda?
- Sí. Los perros comen 230 kilos de
alimento todos los días, pensá que es mucho, mucha cantidad. Necesitan un
alimento balanceado, no les podes dar otra cosa, para no que se peleen. Por eso
también tenemos restringidas las visitas, en realidad no es que están restringidas.
Tratamos que sea un horario en que los perros estén tranquilos, después comer
los perros duermen la siesta. Se acuestan a dormir a las cuatro de la tarde y
vos no sentís un perro. Tratamos de que estén lo mejor posible. Hemos tenido
problemas con la gente pero sinceramente no me interesa, yo necesito tener a
los perros lo mejor posible y la gente se enoja: "¿pero por qué no podemos tener una visita?" y bueno, yo
priorizo los perros. Las hacemos a la tarde, no con doscientas mil personas
porque no es un zoológico y la gente lo ve así. Es un hogar, para Delia es un
hogar. No es como el tiene un perro, diez, quince... tiene 700 perros. Para
ella es su casa, vive ahí, su hija también y los perros son parte de su
familia. Es como que los estás invadiendo también.
La prioridad nuestra son los perros, no me importa nada más lo que digan los demás.
La prioridad nuestra son los perros, no me importa nada más lo que digan los demás.
Se ríen y Gabriel nos intenta hacer
una idea más clara de lo que es en proporción y gasto alimentar a todos ellos.
Divagando resultados llega a las cifras promedio de dinero que solo en alimento
pueden llegar a gastar. Afuera de ello quedan los medicamentos, intervenciones quirúrgicas,
vacunas, cuidadores y demás materiales para el lugar.
¿Ustedes
desde siempre sintieron esa necesidad de hacer algo por ellos?
- Si nosotros también. Nos gusta.
Tenemos 32 y alquilamos y la dueña no sabe.- Gladys responde con un tono
fraternal y risas de complicidad.
- Sabe que le cuido todo. Cuando nos
vallamos nos tendremos que ir a un lugar más grande, nos tendremos que ir más
para allá - señalando los terrenos más
alejados detrás de las vías del ferrocarril Roca.
El
refugio está en Arturo Seguí…
- Si, nosotros lo publicamos por la
cuestión de que necesitamos el alimento. La idea es que no porque la gente lo
que hace es llamar y decirte que como total tenés cien, doscientos es lo mismo.
“No sé qué hacer con el perro, ya está
viejo; tengo tres cachorros, no sé qué hacer” continuamente, así que
tratamos de no publicarlo, pero no queda otra por el tema del alimento. Si no, van
a llevar al perro y la gente tiene que tener conciencia. Al animal lo tenés que
tener bien, si no, no los tengas.
Además
de los cachorros, te llevan los perros más viejos ¿no?
Hay un montón de gente que te llama diciéndote
que no sabe qué hacer con el perro cuando está viejo, y justo es cuando más te
necesita. Son sus últimos años, está más tranquilo…
La tarea que llevan adelante los cruza
con numerosos casos. Cada perro tiene su historia y hablar de todas ellas se
haría interminable, pero aún así nos contaron algunos.
- Mi hijo un día a las cuatro de la noche
andaba con los con los amigos y encontró
un perro. Abelardo, con la panza abierta y llena de gusanos – se gira hacia su
casa y grita:
- ¡Abelardo! ¡Abelardo! ¡Vení papi! ¡Abe!
De la jauría se acerca Abelardo tímidamente
y con las caricias de la dueña se nos acerca.
Numeran algunas de las tantas
historias que guardan en su memoria. Nos señalaban a un perro, daban su nombre y
contaban como llegó a ellos y de qué habían sobrevivido, ya que la situación de
calle los predispone a muchos peligros.
- Yo tengo acá, porque para ayudar a
los perros hacemos todo, yo vendo chorizos a la tarde en Camino Centenario, ya me
jubilé. Un día lunes abro con un chico que vive acá y mientras estaba viniendo
se cruza un perro negro y le digo al muchacho: “vamos a hacerlo venir para acá, para que no cruce”. De repente
sentimos el golpe, lo arrastró el coche 50 metros. Yo largué todo, cubierto,
chorizos y me metí en Camino Centenario para agarrarlo. Le puse la mano en la
cabeza y dije: “o salvate o morite pero no sufras”. Y de repente el perro se
levanta y sale corriendo. Una señora que había bajado de un auto me abrazó y
lloraba, es increíble. Fue el golpe y lo había arrastrado 50 metros pero tenés
que verlo por ahí. Tiene el collar rojo.- Gabriel terminaba de hablar con una
sonrisa en el rostro.
¿Cuánto
tiempo les dedicas a los perros?
- Yo trabajo y me voy una hora antes
para poder venir una hora antes. Salgo 5.30hs y entro a las 6 a trabajar hasta
las 2. De 2 a cuatro y pico. Voy con el auto levantando las donaciones. Después
vengo acá y cargo la camioneta con todo lo que necesita Delia. Él es el que va
al refugio más que nada, yo me quedo acá
en casa. En el día cuida a los perros de acá. Después vamos una vez al
mes a Capital a buscar alimento o donaciones. Pero estamos al pie del cañón
porque pueden ser las diez de la noche y Delia necesita algo. No hay vacaciones
tampoco. Le sacamos un problema de encima a Delia. Ella ya no se tiene que
preocupar si tiene mucho o poco alimento. Ya tiene para preocuparse todos los
perros que tiene, un montón de ellos son inválidos. Y ella no, se jubiló,
trabaja de martillera en Capital. Así que está con eso también. No nos vemos a
veces, hablamos por teléfono.
¿Cuántos
son en la asociación?
- No le digas porque capaz se sorprende
de que somos tanta gente- dice irónicamente Gabriel.
- ¿Te digo la verdad? Somos él y yo,
Delia y la hija, esos somos. Después son pagos, los que le dan de comer y hacen
la guardia. No nos peleamos, somos poquitos- ríen y continúa- Pero a veces
nosotros decimos "Vamos a parar un poco" y a las nueve de la noche
nos sentamos a tomar unos mates porque a veces estamos todo el día. A la noche
cuando le damos a comer a los perros nos vamos un rato para ver a los chicos
pero eso.
Continuamos la charla, contamos
nuestro viaje al lugar. Gabriel nos preguntó si teníamos boleto escolar y
Gladys le corrige entre risas: “¡¡SUBE!! No existe más el boleto escolar” y
partió en carcajadas: “cuando cambiaron el boleto por la tarjeta el señor se
paró en frente de la máquina pidiendo el boleto de 1, 20. Claro, casi ni
salimos, estamos con las camionetas y cuando lo hacemos ya no sabemos qué ha
pasado.”
Nos despedimos de esta entrañable pareja
y nos fuimos alejando. Detrás de nosotros, los perros volvían a ladrar cuando
entraron de nuevo a su casa. A los ladridos se les sumaron los gritos de algunos
de los 32 nombres.
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