La industria del cine ha sido una de las motivaciones que ha dado la idea de adoptar una mascota, y tenerla como a un pariente, un familiar más. A lo largo de la historia, se han rodado filmes acerca del trato que existe entre las mascotas y el ser humano. Ésto permite dar un entender concreto con respecto a que los humanos crean un vínculo muy fuerte con los animales que adoptan, enlazando confianza y amor entre ellos.
En 1970 salió a las carteleras del cine la película “Aristogatos” de Walt Disney Pictures. En ésta, se puede ver el lazo que guarda una señora mayor con sus gatos, quien firma un contrato para que cuando le llegue su muerte, los gatos reciban su herencia. Cuando éstos son sacados por el mayordomo de la mujer, para así quedarse él mismo con la herencia de su patrona, la felicidad de ésta desaparece, y la tristeza la atraviesa.
Un caso real en que se puede ver notoriamente el hecho central de la película sucedió el 14 de diciembre de 2011, cuando la viuda italiana, María Assunta, le dejó a su gato 13 millones de dólares y propiedades en Roma, Milán y la Isla Canabria. Al no encontrar ninguna institución para animales que la convenza para dejar al cuidado de su mascota, que un día había rescatado de la calle, decidió dejar el dinero en manos de Stefania, una enfermera que le brindó confianza en sus años de vida. Este gato tan querido por su difunta dueña, pertenece a un club de mascotas millonarias, ocupando el tercer puesto, después de un chimpancé y un perro pastor alemán.
Por otro lado, los perros también son llevados a la pantalla grande. Tal fue el caso de “Hachiko” un perro japonés que le fue leal a su amo, inclusive después de su muerte. El director Seijiro Kojama se ocupó de que esta historia real y emotiva sea vista por muchos. El perro acompañaba a su dueño a la estación para despedirse allí todos los días cuando iba al trabajo, y al final del día volvía a la estación a recibirlo. Esta rutina, que pasó a formar parte de la vida de ambos, no fue inadvertida ni por las personas que transitaban por el lugar ni por los dueños de los comercios de los alrededores. Ésto demostraba el amor, la confianza, y ese sentimiento de que el perro era como un hijo para el dueño.
Otro “boom” del cine que despertó el alma a muchos fue “Marley y yo”, en la que un matrimonio no se encuentra preparado para tener un bebé y deciden adoptar a un perro, quien luego va a ocupar un lugar muy grande en la familia.
Antes, la familia compraba un perro para proteger su hogar, y respetaba la regla de tener al perro atado en el patio de su casa. Hoy en día, la familia rompe ese esquema, y construye otro; el de adoptar a su mascota y convertirlo en un miembro más.
Estos casos que uno creería ficticios han sido noticias verídicas, dando paso así a una realidad que supera a la ficción.
María Paz Rodríguez
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